Tras las presentaciones y ya durante la comida, la conversación se orientó con toda naturalidad hacia el ajedrez. Le dije al Maestro que lo había visto hacía unos días en la televisión, tocando con David Oistrakh unas sonatas de Mozart ( milagros de la tecnología, ya que el gran violinista ruso nos dejó hace ya bastantes años ), y él me repuso que habían sido buenos amigos y que jugaron juntos al ajedrez. Durante un rato hablamos de jugadores de ajedrez. Le conté que Vishy Anand, el campeón indio, a quien ambos admiramos por su inmenso talento y en quien cabe apreciar no menos la simpática sencillez de que hace gala, vive como yo en el pueblo de Collado Mediano, en la sierra madrileña. También hablamos de Fischer y otros ajedrecistas fabulosos y así, de hilo en aguja, salió en la conversación el caso de Marc Taimanov, quien hace unos treinta años estuvo entre los mejores jugadores del mundo; de hecho, una variante de la siciliana lleva su nombre, nada menos. Lo que quizás ya resulte menos conocido para los ajedrecistas es que las grabaciones discográficas que Taimanov realizó junto a su esposa, a dos pianos, son fenomenales y siguen siendo modélicas hoy día, en especial las consagradas a Rachmaninoff, verdaderamente bellísimas. En España probablemente sea Miquel Farré, el magnífico pianista de Terrassa, el mejor músico ajedrecista; en una época en la que se podían contar con los dedos de una mano, y aún sobraban, los grandes maestros de nacionalidad española, él obtuvo siendo muy joven el título de maestro internacional.
Paul parecía muy contento de haber encontrado un poco de complicidad ajedrecística entre tantos músicos y sonriendo incluso alabó el vino, talcualillo, que acompañaba a la comida. Según dijo, lejos de impedirle jugar ajedrez, beber vino le inspiraba. Le pregunté si conocía el librito atribuido a
Leonardo Da Vinci*, sobre buenos modales, en el que el polistor alecciona al jugador de ajedrez sobre la conveniencia de hacer beber vino en abundancia al rival antes de jugar una partida, y, a ser posible, situarle de cara al sol, si de día, o del lado peor iluminado, si de noche. Alguien me contó que se encuentran en esas páginas ciertas recomendaciones sobre cómo comportarse en la mesa que, huelga decirlo, tampoco tienen desperdicio. Mi interlocutor contestó que no lo conocía pero que parecía prometedor. Le dije que ya éramos dos, que yo sólo lo conocía de oídas, y, ante su interés ( me pareció entrever un rápido brillo en su mirada ), añadí que si lo encontraba con gusto le ofrecería un ejemplar.
Seguimos charlando sobre esto y aquello, libros de ajedrez, literatura, y así salió a relucir que su libro
"el arte de tocar Mozart en el piano" ( todo un clásico, originalmente publicado en alemán en 1972 y rápidamente traducido al inglés, al francés, al japonés, al ruso, etc. ), increíblemente, aún no se hallaba en español, aunque había habido un par de intentos, aclaró, fallidos por la mala calidad de la traducción. Yo tengo la versión francesa y he de decir que es uno de los libros sobre música de los que más he aprendido; aún lo releo. Ambos coincidimos en que el texto francés está muy bien escrito y él me aseguró entonces que de hecho es lo bastante bueno para traducirlo al español y que me enviaría los borradores.
Como no podía ser de otra forma, acordamos jugar una partida amistosa después de comer, que transcribo a continuación.
1.e4
c5
2.Cf3
d6
3.d4
cxd4
4.Cxd4
Cf6
5.Cc3
a6
Aunque dudé un poco en hacer 5...g6, entrando en la defensa del dragón, al final me
decidí por la Najdorf.
6.a4
Algo sorprendido, ya que no recuerdo haberme enfrentado antes a esta jugada, decidí, ahora sí, jugar el
fianchetto de rey, buscando un esquema que me fuese familiar.
6...g6
7.Ac4
Este movimiento sale ya de la teoría aunque es perfectamente jugable. Lo normal y más elástico es jugar el alfil a "e2".
7...Ag7
8.Ae3
Dc7
9.Ab3
Cbd7
10.0-0
Cc5
Me sentí contento al obtener la pareja de alfiles. En realidad las negras no han completado su desarrollo y el juego está muy igualado, pero para mí era importante deshacerme del alfil "siciliano-español" y me congratulé de que el blanco no hubiese optado antes por una jugada más flexible.
11.f3
Cxb3
12.cxb3
La idea es ocupar la columna abierta con la torre, aprovechando la situación de la dama negra. Sin embargo ésta tiene buen juego, vía "a5".Tomar en "b3" con el caballo es equivalente; la partida está igualada.
12...h5?!
Diagrama Reconozco que no es una gran jugada, ya que ahora las blancas también disponen de 13. b4, que impediría el movimiento de mi dama a "a5", truncando la idea que yo acariciaba: trasladarla al flanco de rey. [>=12...Da5
y las negras están muy bien.]
13.Tc1
[Contra 13.b4!?+/=
la respuesta menos conformista parece 13...Dc4!?
La dama negra se adelanta a la jugada de la torre blanca, a "c1", para evitar ciertas variantes que la encasillarían en la retaguardia. (Por ejemplo, si 13...Ad7
14.Tc1
Tc8
15.Cd5!?
) 14.b5
0-0
]
13...Da5
Naturalmente.
14.Dd2
[14.Cde2!?
h4
(14...Ae6!?
) 15.Cf4
(15.Ad4
e5
16.Ae3
Ae6!
17.Dxd6
Td8
) 15...Ah6
(15...h3?
16.Ccd5+-
y la doble amenaza es imparable ya que las blancas amagan la jugada del alfil a "b6", que capturaría la dama negra, para saltar con el caballo a "c7".) ; 14.f4
Ad7
(14...0-0
) ]
14...h4
[14...Ad7
]
15.Df2
[15.h3
]
15...Dh5
16.h3
[16.f4?!
Cg4
17.Dd2
h3=/+
]
16...Ad7
17.f4
0-0
18.Df3
Esta jugada me molestó un poco, pues aunque parezca absurdo, la idea de un eventual cambio de damas me desagradaba, ahora que había conseguido realizar mi "brillante" maniobra. Sin embargo, parece que las negras quedan algo mejor si aceptan el cambio. [18.Cf3
Ae6
(18...Ac6!?
) 19.Dxh4
Dxh4
20.Cxh4
Axb3
]
18...Tac8
[18...Dxf3!
19.Cxf3
(19.Txf3
) 19...Ac6=/+
20.e5
(20.Cxh4?
Cxe4+/-
) 20...dxe5
21.fxe5
(21.Cxe5
Cd5
22.Cxd5
Axd5
23.Af2
Axb3
24.Axh4
g5!
25.Ag3
gxf4
26.Axf4
Axa4
) 21...Cd7
22.e6
Axf3=/+
]
19.f5 Aquí Paul propuso dejar la partida suspendida, puesto que ya era la hora de ir a probar el piano del concierto: "quince minutos son suficientes", había asegurado a los técnicos afinadores durante la comida del mediodía, poco antes de empezar la partida, hacia las doce y media. A la postre, no sólo parecieron más que sobrados esos minutos, que, una vez probado el Blüthner de concierto, le bastaron a nuestro hombre para dar abundantes y precisas instrucciones a los técnicos, que le escucharon con toda atención, sino que Paul aún se reservó la opción de escoger para su recital el piano de tres cuartos de cola, con el que finalmente tocó dos días después. Eso sí, después de solicitar a los responsables numerosos cambios en la mecánica del instrumento, sobre los que los técnicos hubieron de emplearse a fondo ( Gwenaël, el técnico principal, y Gérard, responsable de los pianos, me confiaron después que iban a ser necesarias muchas horas también para devolver el instrumento a su anterior estado, o al menos para intentarlo ) y sobre todo, tras manipularlo él mismo un buen rato según pude comprobar.
Si bien no es muy común preferir un piano más pequeño a uno de concierto ( gran cola ), en este caso, a juzgar por cómo se desarrolló el recital, parece que el maestro no se equivocó...así, el discurso de los delicados pasajes
cantabile no se vio empañado en ningún momento por los graves, menos poderosos y más nítidos que los del modelo gran cola.
Tampoco oímos entonces un único instrumento, pues los registros parecían pertenecer a pianos diferentes, de modo que las combinaciones tímbricas no cesaban de sorprender y maravillar a un público encandilado, aún cuando las obras escogidas para el programa fuesen bastante conocidas, al menos para los pianistas.
Para mí, además, fue como si las interpretaciones de las variaciones en fa menor de Haydn y de la sonata
Appassionata de Beethoven, en idéntica tonalidad, incluyeran esta vez todos los matices, articulaciones y fraseos que "faltaron", sin yo saberlo, en las ocasiones anteriores en que las escuché, aunque recuerdo también formidables versiones en directo de Richter y Pollini.
Ahora bien, claro está que tan sólo unos pocos elegidos son capaces de lograr que las obras maestras musicales aparezcan como diferentes, y hasta nuevas, aún cuando ya se hayan escuchado mil y una veces; en ese sentido, la interpretación ( la audición ) en vivo aporta un valor añadido.
En la segunda parte, que estuvo dedicada a Schubert, y en la que escuchamos una selección de valses además de la sonata póstuma en si bemol mayor, milagrosa, también nos brindó el Maestro una estupenda lección magistral, y algunos reticentes, sin duda demasiado alejados en una sala de gran belleza, pero tremendamente alargada y en consecuencia de una acústica irregular, debieron finalmente rendirse ante la
desprejuiciadora descarga de emoción transmitida.
No olvidaré la intensidad musical de esa noche; aunque conocía sus discos y le admiraba, era la primera vez que escuchaba a Paul Badura-Skoda en
concierto.
Durante su recital en la abadía de L'Escaladieu estaba Paul como poseído, en el sentido más artístico del término, y así, hacía resonar, evocándolos, instrumentos antiguos, con un empuje y un entusiasmo renovados por la osada sabiduría de sus ágiles setenta y cinco octubres y con la familiaridad que su fenomenal erudición le procura hacia la época clásica y sus más eximios representantes; quizá su piano de Viena, el que fuera de Beethoven, importe algo en tal asunto.
Sabido es que Paul Badura-Skoda posee una rica colección de instrumentos de tecla antiguos. Según nos contó la víspera de su concierto, mientras nos deleitábamos en casa de Louis y Gisèle con la más deliciosa comida campestre que quepa imaginar, Paul tiene en su casa un piano que perteneció a Beethoven y que está, según sus palabras, en bastante buen estado.
Pero sigamos con la partida, que precisamente proseguimos justo antes del memorable convite en la montaña de
Barèges.
Discretamente, Paul y yo nos alejamos algo de la casa y de los preparativos culinarios para continuar la partida que habíamos empezado la víspera, en la pequeña biblioteca de
l'Hospitalet, la residencia de vacaciones adonde acuden los profesores, artistas y estudiantes del festival "Piano en los Pirineos" a las horas de las comidas y también para participar en otras actividades como conferencias y clases magistrales.
Una vez que hubimos encontrado un lugar apartado y tranquilo, nos instalamos con nuestro ajedrez de bolsillo en medio de la belleza salvaje que nos ofrecían las impresionantes montañas y me puse a pensar como un desesperado, ya que tocaba mover a las negras y no era cuestión de cometer un error. Aunque no veía que ninguno de los dos bandos tuviese ventaja, no por ello estaba dispuesto a cederle ni un ápice de terreno a mi rival, quien, justo es reconocerlo, me impresionaba un poquito, y no sólo por ser uno de los más grandes músicos, que había tocado maravillosas sonatas de Mozart con Oistrakh y jugado asimismo al ajedrez con "el rey David": "él era un maestro y jugaba mejor que yo, aunque no había tanta diferencia de nivel como para que se aburriese jugando conmigo, así que nuestras partidas eran bastante interesantes y
reñidas...".
Habría resultado ciertamente interesante conocer esas partidas, que lamentablemente no fueron
anotadas. ¡Ay!, si al menos uno pudiera consolarse reproduciendo las disputadas
entre Oistrakh y su amigo el compositor, también ruso, Serguei Prokofieff**,
que parece que no son precisamente "moco de pavo". Quizás algún
lector afortunado sepa de su paradero...
No, mi nuevo amigo ( mi adversario ) no sólo me imponía respeto por su excepcional talento artístico, sino que además me desorientaba un tanto el notable desparpajo que mostraba efectuando los movimientos con facilidad y hasta bebiendo vino antes de jugar. Bien es cierto que, una vez sentados y listos para continuar la partida, yo tenía el sol de cara, por lo que no protesté ( se me ocurrió pensar que quizás Leonardo Da Vinci habría estimado que de ese modo estábamos en paridad; por otro lado, ni yo le había instado a beber el día anterior, ni creo tampoco que él buscase "deslumbrarme" en esta ocasión ).
En cualquier caso, de ningún modo quería yo perder esta partida, cuya disputa había levantado un cierto tufillo de expectación entre los colegas y amigos del festival, fueran o no aficionados al ajedrez, fueran o no pianistas. Mi adversario se conducía como si esperase ganar; sin embargo eso sólo sucedería si yo incurría en una pifia, ya que nuestras fuerzas andaban parejas y la posición era más bien sosa.
En fin, ¿he dicho ya que Paul me caía bien? Pues así es, me resultaba simpático, debo confesarlo, y esto era ya demasiado para mi espíritu de lucha: ni hablar de perder la partida, hasta ahí podíamos llegar; en cambio, si se terciaba, mi espíritu de lucha y yo estábamos dispuestos a conceder un honroso empate.
19...e5
Debo decir que estaba bastante tenso y pensé un buen rato antes de hacer esta jugada; los críos se acercaron a mirar y tuve ciertas dificultades para alejarles, sobre todo a Gari, el más pequeño, hasta que lo envié a pedirle a su madre un poco de "tenemacá": funcionó. [19...Dxf3
( Probablemente la mejor opción para el negro, aunque no se me hacía fácil calcular a partir de esta jugada ) 20.Cxf3
(20.gxf3
gxf5
21.Cxf5
(‹21.exf5
e5
) ; 20.Txf3?
Cxe4-/+
) 20...gxf5
21.exf5
Axf5=/+
; 19...Rh7!?
( Pensé seriamente en hacer este movimiento, pero tampoco era simple prever las numerosas respuestas de que dispondría el blanco y sus consecuencias ) 20.fxg6+
(20.Dxh5+
Cxh5
21.fxg6+
(21.Tce1
Ae5
(21...Tfe8
) 22.fxg6+
Rxg6
23.Cf3
) 21...fxg6
; 20.Tfd1
; 20.Af2
gxf5
(20...Th8
21.fxg6+
fxg6=
) 21.Dxh5+
Cxh5
22.Cxf5
(22.exf5?
Axd4
) 22...Axf5
23.exf5
Cg3
24.Axg3
hxg3=/+
; 20.a5
; 20.Dd1
) 20...fxg6
(20...Rxg6?
21.Cf5+/-
; 20...Dxg6~~
) ]
20.Dxh5
[20.fxe6
fxe6
21.Dxh5
Cxh5
22.Txf8+
Rxf8
23.Td1
( La torre ocupa ahora esta columna semiabierta ejerciendo presión sobre el peón en "d6" y al mismo tiempo defendiendo el caballo de "d4", con la idea de liberar de esa función al alfil si éste saliera a cazar el peón de "h4" ). 23...Af6
La partida está igualada.]
20...Cxh5
21.Cde2
[21.Cf3
gxf5
22.exf5
(22.Cxh4
f4-/+
) 22...Cg3-/+
]
21...gxf5
22.exf5
Tfe8 Aquí propusieron las negras tablas, que fueron rechazadas por el blanco; en todo caso, si hay ventaja, ésta es mínima y corresponde al bando negro. De todas formas hubo que interrumpir otra vez la partida porque los niños vinieron de nuevo, esta vez para anunciarnos que íbamos a comer.
En el transcurso del suculento festín, al aire libre, y en un ambiente convival, se habló de muchas cosas interesantes, bromeamos, Paul bebió vino ( blanco y tinto, aunque esta vez ya no me sorprendió e incluso me animé, ya más relajado, a hacerle los honores a un vinito de Córcega que resultó bien gustoso ), nos hicimos fotos y en resumen, fueron muy gratos momentos para el recuerdo. Hasta nos trajeron los niños una preciosa rana que habían capturado, para que la admirásemos. Louis, tan maravilloso anfitrión como Gisèle, su esposa, se encargó de que la devolvieran al "sitio donde vivía".
Después de comer continuamos la partida mientras tomábamos café, ya que nuestros amigos fueron lo bastante generosos para permitírnoslo, ajenos a los entresijos del juego, pero sin duda curiosos también acerca del devenir de la lucha. Thierry se acercó un momento a observar y comentó que nunca había aprendido a jugar bien; le dije en broma que yo tampoco, pero que, visto el pianista, mejor que no se dedicase también al ajedrez, lo que fue tomado sin duda de la mejor manera, entre risas.
Los movimientos que vienen a continuación se hicieron con rapidez y como consecuencia de ello llegó el error de las blancas en la vigésima cuarta jugada, que dejó a las negras con gran ventaja, incluso para un aficionado. De todos modos, al final el resultado sería de empate. [22...b5!?
; 22...Ac6!?
23.Ag5?
Af6+/-
]
23.Ag5
[Si las blancas apuntan a la debilidad en "d6" mediante 23.Tcd1
las negras se defienden bien con 23...Tc6
24.Ce4
Tc2!
25.Tf2
d5!
26.Cd6
(26.Txd5
Ac6
27.C2c3
Txf2
28.Rxf2
Axd5
29.Cxd5
Td8=/+
) 26...d4=/+
]
23...Af6
24.Ce4?
Una equivocación, que deja al negro con clara ventaja. [Sin duda es mucho mejor 24.Axf6!
|
Paul encantó a cuantos tuvieron el privilegio de tratarle en Barèges durante esos días. Su exquisita cortesía y su afabilidad le granjearon la simpatía y el cariño de los jóvenes pianistas y de los profesionales que allí se encontraban. Yo por mi parte no olvidaré los felices momentos vividos en su compañía, ni tampoco que tras su concierto, justo antes de aquella última cena, el Maestro me regaló una corbata.
*Nota. Pude darme cuanta de mi error leyendo el artículo sobre ajedrez y cultura publicado por Josep Mercadé en el nº 23 de la revista "peón de rey": en la conversación que sostuve con Paul confundí claramente a Leonardo con el canónigo de Zafra y dicen que confesor de Felipe II, Ruy López De Segura. Este sacerdote fue el mejor jugador de su tiempo y autor del más famoso libro de ajedrez de la época, el Libro de la invención liberal y arte del juego del Axedrez, publicado en 1561, amén de un sistema de juego que ha perdurado y florecido a través de los siglos: la llamada Apertura Española o Ruy López.
En 1982 se encontró una libreta, atribuida a Leonardo Da Vinci, en la que el genio italiano habría anotado recetas de cocina y consejos sobre urbanidad. El documento (probablemente una mixtificación) se conoce con el nombre de Códex Romanov y ha sido publicado con el de Notas de cocina de Leonardo Da Vinci.
**Nota. Serguei Prokoffiev y David Oistrakh, extraordinarios músicos rusos, compositor y violinista respectivamente, disputaron en 1937, en Moscú, un famoso match al que asistieron entre otras celebridades el futuro campeón mundial Mihail Botvinnik y un jovencísimo Vassily Smyslov, que habría de ser asimismo campeón mundial, veinte años después, y también un excelente barítono de nivel profesional. Las partidas de aquel encuentro son poco menos que introuvables. No estoy muy seguro de haber visto al menos una de aquellas partidas largo tiempo ha: al hurgar entre mis libros para reproducirla de nuevo no ha aparecido por ninguna parte y eso me ha hecho recordar con pena que perdí muchos de mis libros de ajedrez hace ya dos decenios largos. Sin embargo, rebuscando aquí y allá, encontré que Prokoffiev no sólo fue un fuerte jugador, sino que, con suerte diversa, había disputado partidas con ajedrecistas tan ilustres como Tartakover, Lasker, Capablanca y Botvinnik, ahí es nada. El propio Botvinnik escribe elogiosamente sobre el juego de su rival. Por otro lado Prokoffiev, que debía de tener fama de ogro entre sus colegas músicos, se enfrentó también tablero de por medio a los excelsos compositores Delius, Ravel y Shostakovich, hemos de pensar que con éxito arrollador.
Mi sorpresa, que iba en aumento al descubrir las proezas ajedrecísticas de uno de mis compositores preferidos, fue ya mayúscula al encontrar en mi base de datos una partida disputada en Moscú, en 1914, entre Alekhine y Prokoffiev, que se saldó con victoria del segundo, con negras. Aún cuando cueste trabajo creerlo, ¡el inmenso Alekhine recibió una paliza terrible! Claro que eso le ocurrió por dar caballo de ventaja a su inspirado rival...